Casi 14 años. Primogénito. Llega del instituto, como cada día, y me abraza en la cocina donde termino de cocinar lo que vamos a comer hoy él, su hermano y yo. “Me pudo el miedo hijo, esto es lo que me pasa”

Trae unos folios en la mano. “Mamá traigo para firmar la autorización final para el viaje”,  y me empieza a leer en voz alta uno de ellos:

ÉL: “Don/Doña “mmmmmmm” como padre/madre/tutor legal de “mmmmmmmm” autorizo a (…) y eximo de toda responsabilidad a (…)….”

YO: “¡Para! Para… Veo que tienes mucho interés en que eso quede firmado, ahora vamos a comer y después lo leemos juntos ¿vale?”

ÉL: “Sí, lo dejo aquí” (en la encimera de la cocina, bien cerca y bien visible)

Ahora es cuando noto la revolución que se está generando dentro de mi, desde el estómago hasta la frente. Inquietud, nervios, preocupaciones…¡Miedos! y como no me auto-controlo reacciono así:

“¿Cuándo tienes el examen de historia? hoy tendrás que dedicarle un rato a repasar los resúmenes que fuimos haciendo estos días porque  si no… y organízate porque mañana tendrás entrenamiento y no tendrás tiempo para repasar mucho más. No hables así a tu hermano que no te está haciendo nada. ¿Porqué no terminas ese poco? para dos bocados que son lo podías aprovechar bien…”

Enciendo así la chispa del descontrol y empiezo el juego de retar y luchar por el poder. Juego al que él no entra (demostrándome entender que soy yo la que necesita calmarse) y decide apartarse del foco de incendio. Sube a su habitación, yo percibo el ambiente y preparo la mesa de la cocina para planchar la ropa acumulada (mi tiempo de respiro a veces resulta haciendo labores de hogar, generando armonía en mi y en las cosas de todos).

Mientras plancho pienso sobre lo ocurrido y la reflexión me lleva directamente a necesitar “re-conectar” con él:

YO: “Raúl, cuando puedas ven a la cocina”

ÉL: “¿A qué?”

YO: “A hablar…”

ÉL: “Pues ahora no puedo porque estoy repasando historia. Para una cosa que me dices que haga y ahora me dices que baje… Pues sube tú si quieres” (descarga así un poco su malestar, pero bastante respetuoso, no grita,  y además con razón en lo que me dice)

YO: “Es que yo estoy planchando… bueno, no es urgente. Cuando los 2 acabemos ya nos juntaremos” (y me quedo tranquila y sonriente porque, aunque aún no hemos hablado y faltan las palabras, la conexión ya fluye de nuevo, contamos el uno con el otro)

Al rato, todo planchado y todo repasado, él baja. Estoy en la sala con el padre y se acerca.

ÉL: “¿Qué querías hablar?”

YO: (Cogiendo de la mano a mi marido) “De cómo reaccioné antes cielo. Resulta que me pudieron los miedos. Que es la primera vez que somos padres de un adolescente que se va 5 días a Portugal y nos saltó la alarma de “CONTROLA-CONTROLA” y nos hace saltar así de mal” (Él asentía con la cabeza a lo que yo iba diciendo cual abuelo sabio, fue genial) “Papá y yo sabemos que podemos confiar en ti, que tienes muchas ganas de este viaje y que tú también tendrás nervios, pero queremos que lo disfrutes y que aproveches a tope con los amigos, como nosotros cuando tuvimos la ocasión de ir”

ÉL: “Ya. Pero no es para que os preocupéis tanto creo yo, no va a pasar nada”

YO: “¿Qué peligros graves crees tú que puede haber en un viaje como este?” (Y cuál fue nuestra sorpresa cuando nos responde con…)

ÉL: “Que me pierda en la ciudad… bueno, como llevamos móvil tampoco sería grave, o que venga un paranoico y me haga algo o me secuestre…”

Mis ojos como platos y mi alma cada vez más sosegada. Menuda lección.

YO: “Caramba hijo, no estaba pensando yo en cosas tan graves la verdad… Pensaba en riesgos como alborotar en un hotel, romper mobiliario urbano, faltar al respeto a alguien, compartir en redes fotos de alguien sin permiso… los riesgos que dependen directamente de tus decisiones y de tus acciones. ¡Ufff! Que cometieras algún error o que te vieras involucrado en algo y no tuvieras ni opción de contar tu versión o de intentar reparar el daño. Creo que lo pasarías mal si no te sintieses escuchado. Y en ese folio que traes… no hay más que avisos de sanciones y castigos. No me gusta… Y tenemos que firmarlo”

ÉL: “Jolín Mamá, pues por eso. Todo eso ya sé que no tengo que hacerlo, no son riesgos”

YO: “Ahí está cariño, que debemos confiar en ti mucho más de lo que lo hacemos. Eres un crío muy majete y sabes resolver, no podremos estar tranquilos al 100% pero sí al 90. Supongo que es parte de ser padres, estar alerta y preocupados… pero también confiar es parte de esto”

ÉL: (Sonriendo, empoderado, confiado, capacitado, seguro…) “Pues claro”

Y nos damos un apretón de manos los 3 y unas risas que hacían saltar chispas, pero ahora chispas de CONEXIÓN EMOCIONAL SANA.

Para rematar fenomenalmente llega su hermano (4 años menor):

HERMANO: “¿Qué hacéis, de qué hablábais?”

YO: “De los miedos que nos salen cuando nos enfrentamos a algo por primera vez, de cómo es mejor compartir los miedos para resolver, de los riesgos del viaje que va a hacer tu hermano con los del instituto y de la confianza que nos tenemos unos a otros, para estar seguros los que viajan y los que se quedan”

HERMANO: “Guay”  🙂  y se unió al abrazo común.

"Me pudo el miedo hijo, esto es lo que me pasa"

“Me pudo el miedo hijo, esto es lo que me pasa”

Cada día lo tengo más claro: Educación respetuosa = Honestidad emocional y Respeto Mutuo

¿Qué tal lo llevas tú? ¿Recuerdas aquellos momentos geniales del viaje de estudios? Dejemos que ellos también puedan ir llenando su propio álbum de recuerdos.

 

Gracias por tu atención y por tu intención. ¡Un abrazo!

Virginia García,

Contigo Desenredo

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  1. Carola says:

    Mil gracias por compartir, aunque aún tiene 6 años, mi hijo también llegará a ese momento. En cualquier caso, tu forma de darle solución ha sido fantástica y me servirá para otras situaciones que me llegarán antes.
    Un abrazo.

    • Contigo Desenredo says:

      Sí, de nada Carola, la experiencia es un grado en este y cualquier tema 😉 lo que a nosotros nos resulta útil no puedo menos que compartirlo para nutrir a otras familias. ¡Un abrazo!

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