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Esto hay que arreglarlo. Contigo Desenredo.

Esto hay que arreglarlo. Contigo Desenredo.

En las relaciones interpersonales se provocan roces

que necesitan reparación.

Estos roces marcan la carrocería de las emociones, como los arañazos  en la carrocería de un coche, y debemos saber cuándo y cómo ponernos en marcha con el arreglo de la forma más eficaz y segura posible.

       Lo primero: Detectar el arañazo

¿Qué fue lo que te molestó, hirió, dañó o simplemente hizo preocupar?  Será fácil reparar cuando la lesión esté detectada y diagnosticada.

Puedes llevarte alguna sorpresa si descubres que el roce no ha sido hecho por otra persona si no que tú mismo te lo has provocado.

¿De qué forma puedo justificar que me he hecho daño a mi mismo? El instinto de supervivencia y la necesidad humana de sentirse parte de la comunidad social nos empujan a veces a tomar decisiones que, no bien calculadas, nos pueden rebotar negativamente.

Por ejemplo, si alguien actúa de forma incorrecta para nosotros o si alguien no nos da lo que esperábamos que nos diera (o creíamos que merecíamos) puede ocurrir que iniciemos una espiral de rencor y pensamientos negativos, de juicio y limitaciones, que nos haga sentir mal a corto, medio o largo plazo.

Si yo estoy pesimista es malo para mi.

Si yo soy juicioso es  malo para mi.

Si yo quiero el control es malo para mi.

Cuando el roce lo genera otra persona (¿lo genera? ¿o es que, como veníamos diciendo, admitimos un sentimiento propio perjudicial para nosotros a raíz de algo que otro decide hacer o decir?), o al menos a ese otro hacemos responsable de ello, buscamos que sea esa persona la que venga a repararlo cuanto antes y no empezamos a sanarnos nosotros mismos. Me explico, si mi amigo me empuja y al caer me raspo la rodilla la herida la tengo yo y la tendré que atender yo, independientemente de la causa o el causante que la hayan generado.

De cualquier forma esperamos ansiosos a que el amigo se acerque a pedir un perdón que nos hace sentir poderosos de decidir dárselo o no.

Pedir perdón, disculparse, mostrarse arrepentido… un mundo de pensamientos, razones y sentimientos que se mezclan y, a veces, usamos mal o no eficazmente.

Y otro caso posible es ese en el que soy yo quien provoca raspaduras a los demás. Sí amigos, con actitudes o palabras, todos podemos hacer daño y no todos lo admitimos.

Entonces, detectemos el arañazo propio y procuremos no provocar el ajeno. Al propio lo vamos atendiendo y al ajeno, en lo posible también si se nos plantea la ocasión.

Me atrevería a asegurar que “si cada uno sanara sus heridas pocas o ninguna provocaría en los demás”. Si tus emociones están curadas, gestionadas en positivo, difícil es que generes daño o que no estés dispuesto a repararlo.

Lo segundo: Aceptar el arañazo

Porque necesitas aceptar para atender desde la calma. Si pasas junto a tu coche y ves los rayones un día y otro llega el momento en que te dará igual un rayón más que menos, parece que uno más ya no se nota. NO es cierto así con tu alma, tu espíritu, guarda la huella de cada herida y te ayuda  a aprender de ellas, pero debes ser consciente y aceptarlas, atenderlas y seguir.

        ¿Cómo se acepta una emoción negativa?  Tan sencillo como diciéndotelo a ti mismo, parándote a pensar qué es lo que te ocurre, por qué te ocurre y qué sientes en tu cuerpo. Escúchate y resuelve: “Tengo todo el abdomen contraído, me apetece fruncir el ceño y respiro con agitación, las manos me sudan y quisiera gritar a alguien. Siento enfado y rabia por esta razón y por esta otra. Me siento desatendida, insignificante.”

Intenta dejar clara la causa y pregúntate sobre cada nueva respuesta:

“Estoy cabreada con mi hermano”… ¿Y porqué estoy cabreada con mi hermano?

“Por que no me preguntó antes de decidir ese tema de nuestros padres” … ¿Y porqué querías tú decidir también?

“Por que creo que tengo derecho a ser parte de sus cuidados” …¿Y por qué quieres ser parte de  sus cuidados?

“Por que son mis padres y quiero hacer lo posible por ellos” ...¿Y por qué quieres hacer lo posible por ellos?

Por que les amo y quiero que estén lo mejor posible”

Ahí hemos llegado al quid de la cuestión. El amor mueve fronteras dicen.

El amor es la base de nuestras decisiones.

El amor es  la emoción fundamental para el ser humano. Decidimos lo que hacemos en función del amor que sentimos por alguien, por nosotros mismos, por la naturaleza… Incluso cuando parece que es en función del amor que creemos que merecemos de otros resulta ser por el amor que nos tenemos a nosotros mismos.

Si volvemos a la primera frase: “Estoy cabreada con mi hermano”, y actuamos desde ahí, es seguro que él no va a recibir el mensaje que hay detrás porque es imposible que se lo hagamos llegar al no estar nosotros conscientes de él: “Amo a Papá y a Mamá y quiero poder decidir también sobre su bienestar” y fácil es que reciba o interprete algo equivocado: “Mi hermana se enfrenta a mí”, “Está envidiosa”,  o incluso, “Necesita cariño porque su marido la maltrata”… ¡a saber! el mundo de las interpretaciones y la lógica privada es inmensurable.

Aceptado esto ¿quién crees ahora que es responsable de todos los roces que cada uno sufre?… Pues sí, cada uno  tendrá los roces que decida y serán  de mayor o menor profundidad según uno mismo decida.

        Podemos decidir que nada nos afecte, sí, pero tampoco tendría sentido. Lo que podemos decidir es estar optimistas en cada riesgo para afrontar con entereza y, al menos de vez en cuando,  atender chapa y pintura.

¿Pero es imprescindible arreglarlo?

No imprescindible pero sí muy recomendable.Tú decides.

        Y volvemos al “no metas en tu mochila de vida lo que no quieres estar cargando por más tiempo” y al “ser responsable de mantener fluyendo la energía vital para que tus bloqueos no afecten a los que te rodean”.

En el caso de tu coche entiendo que la reparación puede depender de una cuestión económica, vale. En el caso de tus emociones no hay dinero por medio, hay sólo intención de estar bien y auto-controlado, de auto-cuidado, de amor propio y compasión por los demás y por ti.

¿Cuán vaga puede ser una persona consigo misma para decidir no localizar y aceptar un roce y no empezar su reparación?  no es tanto cuestión de vagancia como de educación previa en el tema.

Sentirse mal sólo es aceptable en nuestra sociedad si esto va acompañado de señales físicas tales como fiebre, dolor localizado, fatiga… Sentirse mal es ESTAR MAL EN EL “SENTIR”. Es tener un daño en los sentimientos.

Si educamos a  nuestros hijos en la aceptación de las emociones y en su gestión  podremos acabar con la indiferencia, podrán ser adultos plenos, capaces, sanadores y auto-sanadores, recursivos y eficaces para resolver  los retos  que se presenten en su grupo social. Si educamos aceptando que tomamos las decisiones de nuestra vida desde las emociones estamos fortaleciendo el sentido de humanidad, ese del que tanto nos quejamos de no encontrar “en estos tiempos”.

Cuando uno mismo se atiende entonces se siente mejor, y estando uno bien está listo para cuidar y atender a otros. Eso es humanidad, hacer el bien desde el bien. Mantener tu coche atendido para poder llevar al que lo necesite y par disfrutarlo tú a diario.

“Esto hay que arreglarlo… antes de que sea demasiado tarde”

¿Cuánto hace que no revisas tu carrocería emocional?

¿Necesitas reparar algún arañazo y quieres que te ayude o acompañe?

Recuerda que yo…Contigo Desenredo

Compartes??

Virginia García

Respeto por ti mismo y por los demás. Repara tus daños emocionales.

Repara tus arañazos emocionales antes de que sea demasiado tarde. Aquí aprenderás cómo.

 

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