Es inevitable que en una familia puedan de pronto surgir situaciones que requieren un cambio en el funcionamiento del grupo.  “Estos niños necesitan un guiso”

Me apoyaré en mi experiencia personal desde que DECIDÍ (de forma consciente, como adulta que soy) organizar un Congreso Educativo. De repente Mamá comenta que va a organizar un evento e INEVITABLEMENTE  el resto de la familia va  “a rastras” de esta decisión individual. Por supuesto que la decisión fue tomada con buena intención ya que sería beneficioso para mí, a nivel personal y profesional, y para el grupo familiar (disfrutando de mi bienestar y satisfacción a la vez que del aporte económico que generara el proyecto).

Y puede ser tanto una decisión personal como algo que surge y aparece en vuestras vidas sin avisar y llegando para afectar de forma negativa además, me refiero a un accidente de algún miembro de la familia, una enfermedad larga, rara o terminal, una ruptura en el matrimonio, un despido laboral, etc. En cualquier caso, alguien de casa cambia de rutinas y con ello hace modificar al resto las suyas, en mayor o menor medida.

Esto tiene algo muy positivo, si hay afectación al resto del grupo es porque hay conexión emocional, es un punto a favor para la recuperación posterior. “Estos niños necesitan un guiso”

Surge la nueva situación (seguiré hablando de mi organización del I Congreso Divulgativo Criar, Cuidar y Educar con los Pies en el Suelo), y lo primero que necesitamos es ACEPTARLA para desde ahí poder ADAPTARNOS. Básicos imprescindibles para la supervivencia individual y colectiva: aceptar absolutamente y adaptarse al máximo.

Cada quien buscará la forma de  seguir teniendo sus necesidades atendidas pero todos y cada uno deberán sacrificar parte de ellas en pro de esa adaptación y ese avance. Aunque yo en mi caso siempre perseguía que lo demás quedara hecho u organizado cuando me iba a ausentar (si no estoy yo alguien le llevará a entrenar, si estoy haciendo llamadas puedes ver la tele un rato, si estoy nerviosa y no me apetece cocinar hoy tomamos un vaso de leche con bizcocho y a la cama…) los demás notaban esos cambios y, desde su posición de niños o adolescentes, sacaban el provecho que pudieran de la situación (si me llevan los abuelos les pido chocolate, que siempre tienen para nosotros; si Mamá está liada en el ordenador estamos más rato de t.v. o tablet; si cenamos esto evitamos tener que cenar pescado…) para sobrevivir emocionalmente en esa adaptación obligada.

El paso de los días, el paso del congreso y de las reuniones posteriores, el intento de “vuelta a la normalidad”, hace que notemos las carencias que se fueron generando en unos y otros y que ahora debemos atender para subsanar.

¿Por qué? porque cada carencia muestra un paso más hacia la des-conexión familiar, por ejemplo, cuanto más tiempo de pantallas han dedicado menos tiempo de hacer cosas juntos hemos tenido, y hay que reparar cuanto antes.

Por supuesto que se puede sobrevivir cenando algo frito rápido, viendo tv y teniendo muchos ratos sin maternaje de calidad, pero no es lo más sano ni lo que deseamos para nuestros hijos. 

Así que debemos reparar, mostrarnos otra vez disponibles y ESCUCHAR estando presentes. Ellos mismos nos darán las pistas a seguir para curar los pequeños rasponazos que se han ido haciendo. Será más fácil de lo que creemos seguro si contamos con ellos.

Ratos de sobremesa y conversación, un tiempo de compañía antes de dormir, jugar juntos a algo que ellos proponen, ir de compras, de cena, de paseo… juntos. Otra vez juntos. Esto re-conecta.

El otro día, ante una actitud de pelea entre mis hijos, sentí la tensión acumulada, la falta de atención que generaba desilusión, caos y esa falta de aliento  que llega a minar hasta al más fuerte. ¿Qué pasa? me dije, y me puse manos a la obra a REVISAR  para SELECCIONAR MIS BATALLAS.

Es de sabios parar de vez en cuando para revisar y colocar en puesto de “prioridad” lo que en ese momento la tenga, y así lo hice, ahora lo primero es recuperar el HOGAR. Ese hogar que no se nutre de tv, lomo frito y galletas, ese hogar que lo es porque ya encendemos juntos la chimenea por las tardes, porque volvimos a sacar el tapete de jugar a las cartas y la alfombra grande de hacer sumo y bailes, porque volvimos a hacer magdalenas, croquetas, un buen puchero de lentejas y otro de pollo guisado. Qué rico. Y qué buen ambiente se genera, parece mentira.

¿La clave? estar presente, ESTAR. Dedicar TIEMPO. ¿De quién depende tener tiempo? Pues de nosotros mismos y las batallas que hayamos seleccionado, nada más.

Por eso nos parece todo tan complicado a veces, porque debemos relativizar y priorizar diciendo NO a cosas que teníamos en el puesto nº 1 del podium pero que no son las que nos ayudan a mantener la conexión con los nuestros ni a mantener el hogar en marcha.

Si un proyecto te mantiene ocupado de forma extraordinaria, si te has separado de tu pareja, has cambiado de empresa o te dedicas a cuidar al abuelo enfermo no olvides que hay personas que de alguna manera te “acompañan” mientras “esperan que vuelvas a estar”.

Tenlo en cuenta, házselo saber y agradece siempre su aceptación y adaptación.  “Estos niños necesitan un guiso”

Hoy para comer… ¡un buen guiso! Que os aproveche. 

"Estos niños necesitan un guiso"

“Estos niños necesitan un guiso”

Virginia García, “Contigo Desenredo”

 

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