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Confía y respeta para dar ejemplo.

“Hijo, quiero darte la enhorabuena” (Resultados visibles)

Es gratificante recoger lo que has sembrado con cariño, perseverancia y certeza.

Cuando tienes claro cómo deseas acompañar a tus hijos (en los trayectos de  su vida en los que acepte tu compañía) lo haces lleno de dudas, pero con pasión, porque deseas que se desarrolle disfrutando de cada etapa a la vez que se encamina al destino de ser un miembro feliz y recursivo de la sociedad.

Entonces, en esos momentos en los que recoges la cosecha que habías ido sembrando, surgen frases como esta:

 “Hijo, quiero darte la enhorabuena” (Resultados visibles)

Lo vemos aquí hoy en un ejemplo por el que todas las familias pasamos: las citas médicas.

Porque de cómo tú actúes dependerá la actitud de tu hijo.

Podrías oir en mi casa: “¡Genial! Hoy… ¡Cita con el médico!”

Puede que tú digas que sí, que genial, puede que no digas nada y puede que digas “Será genial para ti porque para nosotros… cada vez que toca pediatra/dentista/etc. tenemos el lío montao”

Lo sé y lo entiendo. Es más, lo comprendo, y ahora te puedo dar algunas pistas del porqué.

Primero unas preguntas (ya sabéis que soy muy de invitar a la auto-reflexión):

1. ¿Cómo habláis del tema salud/revisiones/tratamientos… en casa?
2. ¿Cómo se le presentan las situaciones al niño?
3. ¿Cuál es vuestra actitud en la sala de espera?
4. ¿En qué momentos se nombra al médico y para qué?
5. ¿Cuál es vuestra actitud dentro de la consulta?
6. ¿Y al salir?
…Voy a resumir en una pregunta para todas las anteriores:

¿Hay en vuestro diálogo honestidad, sinceridad, cercanía, información clara a medida de su realidad, confianza, apoyo, empatía y validación de sentimientos?

¿Hay respeto mutuo padres/hijo/médico?

Estoy en la sala de espera que comparten pediatría y odontología. Hay que esperar el turno (aquí ya estamos hablando de disciplina y orden social) y se ven y escuchan situaciones que dan qué pensar.

  • Los que acaban de llegar con un niño de aproximadamente 2 años:  “A callar…¿no ves cómo están todos los nenes callados?“Hijo, quiero darte la enhorabuena” (Resultados visibles)
  • Las que ya llevan un rato esperando: “¡Para quieta! ¡cómo salga la pediatra verás cómo te riñe!
  • Otros al lado de estos (humor inapropiado con la vecina de asiento):Ufff, ¡nosotros hoy tenemos suerte! que hoy no le van a pinchar“… (imaginad cómo mira crío a su madre cuando dice esto)
  • Los que salen de consulta/revisión/vacuna con un niño de casi 3 años y una bebé en brazos:Anda, calla ya, que no es para tanto… mira, tu hermana que es bebé ya paró de llorar y tú sigues. Venga, ya está bien hombre”.

Incluso, con la imaginación, podemos volar a las casas, los parques, las casas de abuelos, las puertas de escuela… donde se escuchan cosas como: 

“Que te pongas el abrigo. Que después te pondrás malo y llorarás cuando haya que ir a que te pinche el médico” 

“No te mojes que si coges un catarro yo no te voy a cuidar”

“Ni un euro pienso gastar en medicinas para ti si te resfrías por no obedecer”

“O tomas el jarabe o te pondrás peor y te llevarán al hospital, y allí te quedas solo ¡eh!”

“Apártate, no molestes al abuelo que está malito”

“Fíjate vecina, que se llevaron en ambulancia a la señora del 4º. Pobre… no sé si saldrá de allí”

“¡Qué vergüenza! y todo por un error médico, no podemos confiar en nadie… médicos tan jóvenes y no saben ni dónde están montados…”

“Hoy no juegues con Fulanito en el patio, que no te vaya a contagiar”

“Para dar a luz vete al hospital “Nosequé” porque en el “Nosecuántos” ya he oído yo que hacen barbaridades”

Y tantas otras que todos hemos dicho u oído en algún momento de nuestra vida.

¿Qué es lo que está pasando? ¿Qué es lo que reciben nuestros hijos?

¿Cómo afecta a las decisiones que toman sobre la salud y su atención por profesionales?

Confía y respeta para dar ejemplo.

Cómo nuestra actitud de serenidad y confianza ayudan a nuestros hijos a afrontar las visitas al centro de salud.

 

La semana pasada acompañé a mi hijo a su revisión buco-dental.  Al salir de la consulta, camino del coche, le dije:

“Hijo, quiero darte la enhorabuena” (Resultados visibles)

¿Por qué Mamá?“, “Pues por dos cosas. la primera por tu actitud en la consulta, me parece que estuviste tranquilo y confiado, que respondiste sincero a las preguntas para favorecer tus cuidados y que soportaste paciente las incomodidades de esos aparatos que usan para limpiar los dientes.”

Pues vale, gracias. ¿Y la segunda?”, “Pues la segunda por tu buena salud dental. El hábito de limpiarte la boca cada día te trae esta recompensa: que la dentista te diga lo bien que va todo. Enhorabuena cariño”

“Pues gracias por eso también. ¿Sabes? me pusieron flúor y me sabía fatal… me apetece escupir más”, “Tengo pañuelos, si necesitas me dices“, “Sí, dame uno ahora”

 

Este niño crece seguro y tranquilo, acude a sus citas a gusto porque desde bebé no oyó cerca esas frases que marcábamos antes y que denotan inseguridad. Oyó otras… diferentes:

Porque él de pequeño también necesitó a alguien…

Que le enseñara que hay que guardar silencio y calma en la sala de espera…

Ahora hablaremos bajito para no molestar a los médicos que trabajan ni a los niños que están enfermos

Que le explicara a qué íbamos allí… 

(“Mira, hoy iremos a visitar a la pediatra porque al cumplir los 6 años hay que ponerte una vacuna para evitar “tal enfermedad”. Sé que la vacuna va con inyección al músculo del brazo y duele un poco, es normal porque necesitan pinchar para que llegue a tu sangre sana, si quieres te doy un truco que me enseñó la abuela para disimular la molestia… te aseguro que el dolor de la inyección es pequeño comparado con el dolor de la enfermedad que te evita. Merece la pena vacunarse“)

Que le hiciese ver al médico como alguien amable y profesional que nos ayuda a resolver lo que solos no sabemos…

(“Estoy preocupada porque no sé qué te pasa, necesitamos que nos ayude un médico para que te mejores. Ellos están preparados. Vamos al centro de salud para que te revisen“);

Una persona cerca para redirigir cuando no quisiese ponerse el abrigo o tomarse la medicina…

(“Sé que te incomoda mientras juegas pero necesitas abrigarte, te ayudo, a ver mete la mano”), (“Veo que este jarabe no te gusta mucho ¿verdad?, por eso se mueren las bacterias que te dan fiebre, porque el jarabe es como un veneno para ellas pero para ti sólo un mal sabor. Voy a preparar un vaso de agua para que tomes seguido y no te quede el sabor en la boca”)

Y también quien  le defienda y le muestre respeto si el profesional no lo hace (que desgraciadamente ocurre a veces)… 

En una ocasión le pedí a la enfermera de pediatría que por favor tratara a mi hijo, no con cariño, pero sí con respeto, que era un niño muy pequeño pero sentía miedo y desamparo igual que nosotras cuando se  le ignoraba. Que el hecho de vacunar a muchos niños cada día no debía suponer una falta de sonrisa o tacto. Hablar al niño, contarle lo que le vas a hacer e invitarle a colaborar es un éxito. Ella me escuchó tranquila y desde ahí nos sentimos siempre respetados y atendidos. Por supuesto desde el respeto, la asertividad es imprescindible en estos casos.

Y quién mejor que los padres para ser honestos…

(“Hoy te van a vacunar/ hoy te van a pesar y medir/ aunque tengas vergüenza hoy te van  a revisar los genitales/ vas a empezar un tratamiento largo y duro para mejorar/ esto va a doler/ le hablaremos de tu menstruación/ la máquina del dentista hace un ruido muy raro/ esto te provocará vómitos/sangra mucho y necesita que vayamos a que te lo cosan…“)

Si educas a tus hijos en el respeto mutuo entre “padres/hijos/médicos”  ellos lo harán también y estarán más tranquilos y confiados cada vez que se deban enfrentar a un tratamiento o incluso una hospitalización.

¿Cuál será tu actitud cuando tu hijo llore la próxima vez que tenga cita con el médico?

Abrázalo y dile cuánto comprendes lo que siente.

Empatiza con él y valida su emoción para que vuestra conexión siga sana y fuerte,

entonces desde esa conexión soportaréis lo que venga con la seguridad que da el amor.

Hijos capaces, empoderados por la confianza en si mismos que alientan unos padres confiados y seguros.

Comparte con tus amigos y familia. Todos por la capacitación de nuestros niños y jóvenes.

Virginia García

Contigo Desenredo

 

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