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¡Que sí, que no! ¡Pues que caiga el chaparrón!

¡Que sí, que no! ¡Pues que caiga el chaparrón!


Cuando el adolescente tiene ganas de lío


Y vale más dejarlo así que liarse a discutir ¿Por qué?


Porque ese adolescente que tienes delante necesita practicar el «ser mayor» y discute, reta, niega… aunque no esté seguro de lo que dice. Practica a saber de todo, practica a generar conversación (y a veces se confunde un poco con discusión), practica el tener la razón y ver cómo se siente, practica el uso de argumentos, también la escucha y sus habilidades para «darle la vuelta a los tuyos»…

Practica, practica, practica y sigue practicando… y necesita hacerlo mucho, de verdad.

Lo genial es que lo haga y que, mientras lo hace, está contigo y hablando contigo (o más bien, se dirige a ti) y que así, con tu ejemplo y desde vuestra conexión emocional sana, va mejorando sus habilidades (comunicativas concretamente y sociales en general). Eso genial. Además de que mientras le permites practicar contigo, en el entorno seguro de un hogar o aula, estás pudiendo disfrutar de ser su guía o «maestro», eso que tanto te gusta, dando ejemplo.

Lo devastador es… el resto, que como no te auto-controles desde tus capacidades adultas, y desde la maduración de tu córtex pre-frontal, puedes convertirte en uno de ellos, igualarte con su edad y con sus actitudes.

¡Que sí, que no! ¡Pues que caiga el chaparrón!

Aquí el resultado es más grave, tu pérdida del auto-control y de la calma conlleva aspectos negativos tales como:


1) Dejas de darle el ejemplo adecuado. De hecho te convertirás en el mejor maestro de lo que no quieres que haga.

2) Le dejas solo, sin adulto confiable = le desamparas

3) Te estresas porque, literalmente, pierdes la calma.

4) Al estresarte vas a reaccionar en vez de responder y esa reacción será negativa seguramente, bloqueadora para vuestra relación en vez de constructiva.

5) Usarás herramientas poco o nada educativas ni respetuosas (ni contigo ni con él) como por ejemplo:

Tomártelo como algo personal y necesitar defenderte de un ataque. «¿Pero tú de qué vas chavalín?»

Retar «Tú vuelve a contestarme así y verás»

Amenazar, juzgar, etiquetar… «A mi no me hables así, cuando sepas del tema hablas, mientras tanto te callas», «Que se va la fuerza por la boca», «Canijo»

Menospreciar, infravalorar, comparar… «Tú no sabes lo que dices», «Te crees muy mayor tú y no eres más que un pinpín», «Es que ahora resulta que tú lo sabes todo»

Gritar, dar órdenes: «¡Ya está bien hombre… cállate ya pesao!»

Castigar: «Se acabó, a mi no me vacilas tú, espera a que llegue el sábado y pidas salir de fiesta»

Etc.

En fin, que las prácticas de ese adolescente van a dar un resultado bastante nefasto. Una lástima. Y resulta que sólo dependía de ti y de tu autocontrol porque, por más que tú insistas, el adolescente no va a dejar de serlo, de hecho, nos conviene que lo pase ahora, es una señal clara de que TODO VA BIEN.

Así que ya sabes, acepta una discusión sin perder tu calma, empatiza y valida lo que le ocurre, cualquier otro momento será mejor momento para aclarar cualquier dato que consideres importante dejar claro. ¡Ánimo!

Virginia García, Contigo Desenredo

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Comments

  • Pilar

    Que interesante

    23 febrero, 2019
    reply

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